jueves, 18 de septiembre de 2014

No me echareis de menos

Bueno, espero que la historia este gustando a quien la este leyendo. Solo publico esto para avisar de una ausencia temporal, ya sabéis, empieza la rutina y con ella el trabajo, las obligaciones. 
Si encuentro un momento subiré mas capítulos, si no me centrare en algunos fines de semana.
Gracias por leer esta historia. Atentamente Valquiria.

Capítulo cuatro-Cazar o ser cazado

Abrí ligeramente el ojo derecho, lo justo para ver las ondas rojas de Valquiria en el asiento delantero. Ya era de día, y por lo que parecía me había dormido, supongo que uno de ellos dos me ha movido, pues no recordaba haberme tumbado ni haberme tapado. Me acuesto de nuevo. Al rato, unos agudos gemidos me terminaban de espabilar, <<No estarán…  >>
Me incorpore frotándome los ojos, no tarde en escuchar a ese par de dos cantando, y aquel debía ser el principio de una canción, <<Vaya canción…>>pensé.  Bueno en realidad Valquiria cantaba, lo de Henry, eran más bien gritos a coro de los de ella.  
Tenía cierto ritmo, aun así el Hardcore nunca ha estado entre mis favoritos, me debí quedar mirándoles, cosa que apenas dudo, porque entre él y ella…Termine con la cabeza apoyada en el cristal, abrochando mi cinturón y con la mirada cobriza de Valquiria sobre mi atreves del espejo.  
A noche me había equivocado,  no fue una noche larga, al menos para mí, yo me había dormido pero ¿y ellos?
-¿Has dormido bien, Vic?
La voz de Valquiria, era una voz fría. Quizás más alegre de lo que me esperaba de alguien como ella, pero aun así fría. No, no había dormido bien, por culpa de pensar anoche en lo que nos esperaba, me acorde de mi cumpleaños, y de mi cumpleaños pase… a lo que pasó la noche de mi cumpleaños. No tuve tiempo de abrir la boca para hablar, dejando un bostezo como única respuesta. 
-Me lo tomare como un “podría haber dormido mejor”-dijo sonriente, sacudiendo la cabeza. Me encantaría saber lo que pasa por la cabeza de esa mujer -Henry, Te ordeno que subas el volumen.
Henry soltó un suspiro y obedeció. Sí que debía de haber confianza entre ellos dos. Reconocía aquella canción “You’re so creepy” de Ghost town. No tarde en empezar a tararear, y a tener la mirada de Valquiria sobre mí con cara de “sé que te la sabes”
Sonreí sacudí la cabeza y solté una carcajada antes de empezar a cantar el estribillo, al menos una frase.
-¡Creepy girls you’re just my style, blood red lipstick you don’t smile, oh!
Valquiria siguió el resto de la canción, tenía gracia, Henry se quedó al margen, no parecía saberse esa canción.        
A media mañana ya estábamos en una cafetería, no era gran cosa, una cafetería típica de carretera. Con una música de todo menos nueva, comida poco aconsejable y todo eso mezclado con las batallitas de Henry.
-Estaba pensando, en que como nuestro destino es más apropiado para gente como Val y yo, que tú te quedaras aquí. O que intentaras volver a casa….
La voz de Henry me saco de mi estado de trance.
-¡Tengo en juego algo importante!...¡¡Tengo que ir!!
-Vale vienes, no pienso discutir contigo-<<Pensé que sería más difícil>>pensé encogiéndome de hombros con suavidad.-Pero, sigues estando desarmada, Victoria. Y necesitas  un arma y práctica. Míranos a nosotros, Valquiria, tiene una espada yo tengo armas en el coche.
-¿Me vas a dar una de tus armas?
-No.
-¿Pero no has dicho que necesito…?
-Sí.
-¿Entonces…?
-Es muy sencillo pelirrojilla, en el siguiente pueblo, hay una armería… -dijo con toda la seguridad del mundo, perdiéndola en un segundo continuo.-Si no me falla la memoria…
-No te falla, la armería sigue allí -interrumpió valquiria mientras limpiaba su espada.
-Solo hace falta que nuestra querida pelirrojilla, encuentre su arma.
<< Tu ya tienes un arma, pero está en casa-me dijo mi voz interior- ¡Oh, victoria eres un genio. No puedes volver a tu casa>>
-¡¡No me llames así!!-chille pegando un golpe en la mesa.-¡Tengo nombre!
-Lo sé, pero si alguien se entera de quien eres, quien sabe podría matarte.
-Pues llámame Ira.
La conversación no tuvo más cabida en el tiempo que transcurrió después de esa conversación.
Al igual que ellos mi desayuno se compuso de tan solo un café, pasaron dos horas hasta que volvimos al coche. Unas tres horas en el coche  y por fin valquiria y yo dejamos de quejarnos, porque el pueblo parecía estar ya más cerca. Por primera vez me fije en que Val, tenía un tatuaje. En la espalda, en el hombro derecho, una sola frase ‘Welcome to the club’.
Media hora más tarde, habíamos llegado, valquiria se había bajado y situado enfrente de mi puerta, abrió y me dejo paso para salir. Era un pueblo pequeño,  con pocas casas y gente que andaba con prisa, un par de personas nos habían mirado mal. No parecía ser un pueblo abierto a visitantes. Henry y Valquiria me guiaron por estrechas calles  sucias y polvorientas.
Por fin la cara de  Henry se ilumino, un cartel de madera, estaba colgando de un oxidado hierro clavado en la fachada de un edificio como el resto, sucio y gris. “Armería Destroy”
Valquiria paso la primera, tras ella yo y el ultimo Henry, ambos admiraron a su alrededor. Por lo que Valquiria alcanzo a contarme los dos encontraros sus armas en ese sitio. Observe, tanto armas blancas como armas de fuego.
-Bienvenidos.
Me gire la primera. Un hombre, parecía anciano, con el pelo rapado y un par de aun visibles tatuajes. Quizás rondara los cincuenta.
-Nye Destroy…-dijo valquiria sentándose en el mostrador -no has cambiado nada
-Valquiria, Henry, no os había conocido…-una sonrisa se dibujó en sus labios, alzando una ceja termino con unos claros y cristalinos ojos azules clavados en mi-¿Quién es la nueva?
-Crescent   Hunterblood-me presente. Quizás no había elegido ese nombre de no ser por Valquiria, como ella me había dicho, “piénsalo bien, tiene que definir lo que quieres ser, en que quieres convertirte”
-Encantado de conocerte, Crescent.
-Lo mismo digo.
-¿El arma es para ti?
-En efecto, la estamos buscando un arma, no podemos dejar que vaya por ahí indefensa -interrumpió Henry.
Nye, me había enseñado topa clase de armas. Ninguna despertó mi atención, no hasta que clave mis ojos en una espada. Una espada de un metal brillante y negro, con inscripciones en latín sobre la hoja y una poderosa empuñadura de cuero.
-La espada del jinete…-dijo colocándose a mis espaldas con su mano sobre  mi hombro. –Cuenta una leyenda que hace siglos un poderoso ser, ordeno forjar esta espada con la sangre de sus víctimas y siervos. Creando así, un arma destinada al castigo de los que osaran invadir sus tierras, profanar su país o matar a su gente.
-¿Cuánto cuesta…?-pregunte.
-Si algo en tu cabeza te dice que la cojas no te puedo pedir dinero a cambio. Pero es un arma difícil de controlar. Por eso quiero que cojas un arma de fuego para compensar. No creo que necesites aprender a apretar un gatillo.
Cuando salimos de aquella armería, había conseguido llevarme bien con Nye, según Valquiria un buen luchador, fiel y leal a su causa. Había conseguido mi arma y un pequeño regalo. Aparte de la espada que Nye bautizo como Rider, su regalo fue un colt anaconda, era pesado, pero aun así me recordaba al revolver que me regalo Dorian. No necesitaba más que entrenar y práctica. El colt, pronto estaría acostumbrada a su peso y funcionamiento, y Rider, solo debía controlarla, nunca dejar que ella me controlase a mí.
-¿Por qué has elegido Crescent y no Ira?
-Porque la Ira que conocí, no estaba lista para ir a una muerte segura.

Mi respuesta pareció descolocar a Henry, pues el silencio hasta el coche fue sepulcral.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Capítulo tres-La primera holeada

                       “No temas a los muertos, teme a los vivos que murieron en vida”
La noche estaba bastante despejada tanto que Henry se puso a bromear sobre las constelaciones, no es un genio pero por lo que sé de él, entro en el ejército por su padre, termino sus estudios en un centro militar y bueno esa es su vida, no me ha contado nada más, ni si Henry es su nombre, ni en que trabaja y ni siquiera porque nunca me deja sentarme delante, a no, eso sí, según él podría ensuciar la alfombrilla, o llenar todo de pelos.
Miré el reloj del coche <<Las tres menos cuarto de la mañana >> una buena hora para dormir o echar una cabezada, yo estoy demasiado cansada para dormir y Henry, parece que acabara cediendo al sueño.
-Henry, si quieres puedo conducir yo y tú te echas una cabezada aquí atrás -dije asomándome por un lateral para mirarle desde atrás.
-No hace falta, y no te atrevas a tocar el volante de este coche-me gruño-, mira allí tiene pinta de haber un sitio para aparcar y dejar el coche, quizás haya un motel o quizás toque dormir en el coche-dijo para terminar bostezando como si no hubiera dormido en días.
<<Que cabezón es, que le cuesta, sé conducir, no tengo tres años>>
Me deje caer en el asiento de nuevo mientras él aparcaba, yo no tenía intención de dormir y aun así no se me ocurría nada para matar el tiempo mientras él estuviese dormido. Termine saliendo de un salto del coche, para terminar girando sobre mis talones para inspeccionar el lugar. <<No me da buena espina>> pensé. Escuche a Henry acomodarse en el asiento para al menos dormir una hora, quizás algo más, pero ese no fue el único ruido que escuche. También una voz en mi cabeza, una voz que repetía con tono femenino una frase una y otra vez: Escóndete, ya vienen, escóndete ya vienen. Date prisa.
Deje escapar el aire un segundo, cuando me gire definitivamente vi lo que menos me imaginaba encontrar. Zombis. No distinguía nada en ellos, los escuchaba, los veía arrastrándose hasta nosotros, notaba como un nudo se creaba en mi garganta, empezando un ataque de nervios. Te lo avisé.
Como primer reflejo me subí al coche, ahogue un grito cuando una mano choco contra el cristal, haciéndome retroceder y golpearme la cadera contra el asiento. Me incorpore todo lo que pude, me abalance a asomarme al asiento delantero me quede mirando a Henry, no mas de diez segundos. Como primer intento lo sacudí y llame varias veces.No se despertó solo gruñía. Termine.Termine soltándole una bofetada.Como consecuencia se lanzo a por mi, terminando el con mala cara y yo contra el asiendo trasero. Tras unos cuantos gritos y explicarle la situación, se calmo.
-Yo me ocupo quédate aquí-me dijo mientras yo escuchaba el seguro de un arma, no tenia ganas de discutir, asentí.
-¿¡Tu eres imbécil!?-Le termine chillando echándome hacia delante para agarrar sus hombros-Es mejor que...
Algo llamo mi atención, ya estaban casi sobre nosotros, golpeando con las manos las ventanas, mostrando su podrido aspecto al igual que coreaban sus rugidos de tono gutural. Algo brillante y blanco que reflejaba la poca luz que daba la luna mientras se abalanzaba sobre aquellos seres, los cuales no dejaban de gruñir, lamentarse y soltar esos gritos tan característicos. Pude distinguir como cada miembro que aquel brillo surcaba, caía al suelo, cada grito me indicaba cuando moría uno de ellos, << ¿Cuántos son?>> mire por la ventana pero lo único que logre fue notar mi pulso acelerado por un ataque de adrenalina, me había apartado de Henry con brusquedad. Una cara putrefacta y desecha que se estampo reventándose contra el cristal. Entre toda la oscuridad pude distinguir un brillo carmesí que rápido se volvía hacia nosotros.
Estuve a punto de vomitar por aquello. Sal del coche, ven aquí fuera conmigo. Me baje del coche a regañadientes, observando lo que la oscuridad me dejaba, notando como iba caminando sobre los restos las sangre y demás vísceras, escuchando ya de lejos los gritos de Henry, la mayoría diciéndome que volviera, otros llamándome un poco de todo, pude ver un rastro de un líquido casi negro esparcido por el suelo, el charco que dibujaba junto al todo terreno y una esbelta y alta silueta, frente a mí.
-Estos bichos son realmente molestos ¿no crees?-cuando aquella silueta se giró hacia mi pude distinguir unos brillantes ojos, de un color anaranjado, casi rojizo. Una melena salvaje y alborotada y lo que emitía tanto brillo, una larga y fina espada que ahora ya no brillaba con luz blanca, si no que la luz se reflejaba sobre aquel líquido espeso y maloliente.
-Supongo…
-¿Nunca te habías topado con ellos?
-No...
-Siento mucho haber jodido el momento...-dijo mirando algo al todo terreno- soy Valquiria
Asentí despacio, con la mirada fija en ella, no tenía intención de decirle mi nombre a lo que para mí era una desconocida, armada y posiblemente no humana. Jugueteo un momento con la espada, al menos hasta que termino por enfundarla en su cadera, se acercó más a mí, con una sonrisa en la cara, lo poco que la luna iluminaba me permitía distinguir sus rasgos.
-Por aquí solo se puede ir a un sitio-continuo-supongo que te diriges a la ciudad, y se te nota; No te fías de mí, o quizás de los míos ¿eh?
-¿Sigue siendo una ciudad?-pregunte con la ceja arqueada-pensé que solo eran ruinas y caos.
-Tienes toda la razón-mi comentario la había echo reír-acabo de salvarte la vida ¿en serio no me dirás tu nombre?-su voz sonaba con sorna aun así no era una burla hacia mí era una burla sobre la situación. Pero yo seguí teniendo una duda ahora soy Ira o Victoria. Sacudí la cabeza, suspire, carraspee y tendí mi mano derecha hacia ella.
-Por lo que parece tu también vas hacia la ciudad.-dije mirando por encima del hombro al coche, distinguiendo a Henry en el asiento delantero-Soy Victoria
Estrecho mi mano, mirándome con lo que parecía una sonrisa en la cara, señalando sobre todo el todo terreno.
-¿Sois....?-dijo mirándome a mi.
-No, él me está llevando a la ciudad.
Al rato después de entrar yo y sentarme atrás, hable unos minutos con Henry. No tarde en oír un ruido en el cristal, el primero en girarse fue él. Me tiro encima la mochila y abrió la puerta.Valquiria había entrado y se había sentado en el asiento del co-piloto.
-No te había reconocido de lejos-dijo mirándole con una sonrisa-
-Se supone que debes ver en la oscuridad
-Sabes que eso solo pasa cuando … -se giro para mirarme-Hola de nuevo Victoria
Saludo con la cabeza mientras me quitaba de encima el peso muerto de la bolsa.
-¿Enserio vas a volver allí?-dijo de nuevo mirando a Henry, él se limito a arrancar y a asentir
-Y creo que ahora tengo que llevar a las dos
<<¿Que demonios esta pasando aquí?>>

Solo un par de horas después conseguí relajarme del todo, ellos dos se miraban de vez en cuando, pero sobre todo reinaba el silencio, la noche estaba siendo demasiado larga.
El sueño me atrapo, y fui consciente de ello cuando sobresaltada por una frase desperté. Por fin Henry había logrado aparcar, por fin Valquiria se había dormido, por fin todo parecía normal y estable.
Me lleve las manos a la cabeza como una niña empecé a hacer fuerza en mis sienes, como si quisiera expulsar algo que se había metido en mi cabeza.
<< Sal….Sal de mi cabeza...>>
Logre relajarme, expulsar aquella voz de mi mente. Pronto las ideas llegaron. <<A dónde vamos hay más peligros que en ningún otro sitio. Henry y Valquiria van armados…Pero yo tengo el… ¡Mierda!>>
Por primera vez. Después de mi pelea con Alice, de la desaparición de Dorian. De todos los problemas había recordado, lo había recordado. << ¿Cómo pude dejarlo en casa de mi padre?>>Pensé.
Había tardado casi tres días en recordar mi regalo de cumpleaños. Bueno, técnicamente el único que llamo mi atención.   No pude evitar recordar aquella frase, aquella pintoresca frase que Dorian había mandado grabar en el cañón de un revolver para mí. Aunque ahora que lo pienso… ¡Lleva quince años diciendo que no hay quien confié en mi con un arma!.

Me obligue a cerrar los ojos. De nuevo todo se volvió lejano y oscuro.

Capítulo dos-El vampiro que se convirtió en hombre.

Hombre es el que llega a conocer el amor, no el que lo busca sin descanso”

En el norte enero siempre había sido frió, claro que a él no le preocupaba eso, no podía sentir el frio, ni el calor. Él ya estaba muerto, había pasado ya quinientos años vagando como un condenado antes de llegar a la silla, para que lo ejecutaran, pero él nunca llegaría a la silla, él nunca moriría, el no conocería el sentido de vivir. Él era un vampiro.
Dorian Fovel. Ya había pasado tres meses jugando con gente más poderosa que él, poniendo en peligro al amor de su no-vida, incluso jugando su propio cuello por puro orgullo.
Tres meses siendo frio y calculador con ella, tres meses con miedo a las consecuencias, tres meses sin saber qué hacer, como actuar. Tres meses actuando con su querida Victoria, como actuaria con cualquier mujer hace tan solo doscientos cincuenta años, quizás algunos años mas. Ella no era cualquiera, ella era especial, única, al menos para él, ella había confiado en él, cerrando todas sus cicatrices abiertas, comprendiéndole, la única que no le había temido.
Las dos semanas que llevaba encerrado en aquella celda, en algún punto desconocido de un mapa, encadenado de pies, manos y cuello a una pared, con quemaduras por las cadenas, cansado de gritar, suplicar y esperar a que lo liberasen. Cansado por la falta de sangre.
Esperaba cabizbajo, dejando que su cabeza cayera atada por una cadena, apoyando el mentón contra el pecho. Alzo la cabeza cuando la puerta se abrió, por quinta vez esa semana, y solo era jueves, Dorian esbozo una sonrisa, la cual dejaba ver sus perlados y afilados colmillos, la cual recordaba a la de un lobo feroz, a punto de comerse a una niña indefensa, quizás a un corderito o puede que inspirando miedo a otro lobo. Stelian Bones, el único vampiro conocido por su brazo de esqueleto, acabada de entrar en su celda, enfundado en un elegante traje hecho a medida, negro con finas rayas plateadas, no era el clásico vampiro, aun así era de belleza antigua, su barba y su corte de pelo le daban un aire de hombre pudiente del siglo diecinueve.
-¡Oh! Genial sesión de tortura con míster huesitos-la voz de Dorian sonaba con sarcasmo, un sarcasmo hiriente para alguien con sentimientos, el cual solo enfurecía a Stelian-por favor tortúrame suavemente que hoy estoy algo sensible, ya sabes.
-No creo que estés en posición de bromear, sanguijuela inmunda.-vociferó Stelian-Es mas no vengo a torturarte, esta vez no, solo he venido a traerte la comida y a soltarte esa cadena del cuello.
Stelian se acercó hasta Dorian, tan dolo para soltar el grillete de su cuello, y el resto de las cadenas, fue demasiado rápido en tirar al débil vampiro al suelo, enroscó las cadenas en su torso, dejando sus brazos aprisionados con dichas, la melena negra de Dorian cayo tapándole la cara, dejo las piernas estiradas, aun así no podía hacer mucho con ellas, estaba demasiado cansado, Stelian soltó una carcajada, en su día, Dorian había seguido de cerca los pasos de su padre, siendo el vampiro más poderoso, cuando este murió, Stelian lo conoció, en aquella época, y ahora, no era más que una sanguijuela débil y demacrada por el hambre.
-Su sangre, Conde-Bromeo Stelian arrojando una botella llena de sangre a los pies de Dorian, manchando el suelo y sus rodillas.
Entre carcajadas Stelian salió de la celda, dejando allí a Dorian con Sangre manchando hasta sus rodillas, empapando el suelo, sus ropas, más bien aquellas ropas de un material similar al cuero que le habían puesto, no tardo en notar como sus colmillos crecían por primera vez desde hacía meses, lo cual le hizo gritar de dolor.
Se echó hacia delante todo lo que pudo, hasta que con su afilada y larga lengua lamio la sangre del suelo, bebiendo esta, era lo más delicioso que probaba en meses, cuando estaba junto a Victoria, lo máximo que comía era sangre animal, aquella no, era humana, ese sabor tan aditivo, tan inspirador, tan delicioso. No dejo de lamer en suelo e incluso su ropa, no paro hasta que toda la sangre había desaparecido, se apoyó contra la pared, dejando que su melena negra le tapara la cara.
Dorian termino sumergido en su sepulcral silencio, como todo el tiempo que llevaba allí encerrado, sus ardientes ojos de un rojo brillante como la sangre, se cerraron, para que él pudiera entrar en la meditación que los vampiros utilizaban para descansar o simplemente “dormir”. Cada día su cuerpo estaba más pesado, más cansado, y aun así se obligaba a si mismo a burlarse de sus cazadores, a seguir vivo un día mas, solo por esperar a que ella lo encontrara, o eso esperaba, Victoria era capaz de muchas cosas sobre todo de dar con él, ¿acaso no estaban ya conectados desde aquel mordisco?
Dorian no tardo en decepcionarse con esa idea, un vampiro podía dar con una persona con solo probar una gota de sangre de su víctima, aun así los humanos no podían, ellos se limitaban a estar conectados con el vampiro, a sentir lo que el sintiera si se concentraban, pero no a saber dónde estaba, después de todo, no pueden seguir un rastro.
Dejo que su cabeza cayera, clavando el mentón sobre sus clavículas, las quemaduras que los grilletes le habían creado en el cuello y las muñecas, aun le molestaban, aun así pronto Dorian comenzó a notar, como iban desapareciendo. No podía mantener los ojos cerrados, los abrió clavándoles en el suelo con movimientos pesados y cansados.
<< ¿Dónde demonios estas, Victoria? Sé que sigues viva, eres fuerte, pero ¿Dónde demonios estas?>>Aquel pensamiento le hacía imposible intentar entrar en ese trance, ella era su humana, la quería, estaba preocupado por ella. << Mejor pensado no quiero saber dónde está, porque seguramente, esa fierecilla este jugándose el cuello por encontrarme ¿por qué no la dije nada?>>
La aterciopelada voz de Dorian invadía su propia mente, distrayéndole, estaba volviéndose loco, lo tenía muy claro, sobre todo por que empezaba a tener unas horribles pesadillas recurrentes en las que sus actos y matanzas pasadas se repetían una y otra vez, aquello incluso le quitaba el hambre, aun así lo peor era que no podía olvidar al Doctor Strauss, el e había encontrado, y en su familia le habían tenido como un amigo cercano a ellos, incluso conoció a Victoria el mismo día de su nacimiento, cuando era niña se divertía viéndola, imitándola, tomándola el pelo, incluso haciendo las veces de niñero, aquella niña era tan curiosa, le despertó la curiosidad en cuanto poso sus ojos en él, aquellos enormes ojos de un verde azulado meloso, era un color dulce, no comparable al rojo ardiente pero frio de los suyos, pronto, para él demasiado pronto, aquella niña creció, creció rápido y se convirtió en la hermosa joven que dejaba sin aliento a muchos, pero aun así que vivía enamora de él, una bestia, como en aquel cuento, ella era una joven bella y frágil y él una terrible bestia, y aun así se quisieron y amaron hasta el final, <<esto no es un cuento>> se auto recordó cortando el hilo de la historia que estaba repasando.
No hacia mucho había sido el cumpleaños de Victoria y como regalo él, que la conocía muy bien, la había regalado un revolver con una frase grabada en el cañón, Dorian apenas ya recordaba la frase, pero si recordaba con exactitud todos los días que Victoria y él habían pasado en una galería de tiro, quizás fuera demasiado pesado para ella, pero pronto la practica la hizo utilizar aquel arma con precisión.
-Victoria…-mascullo el vampiro con la pena que le rondaba ya hacía días, semanas, quizá más.
Dorian cerró los ojos, estaba psicológicamente roto, algo que parecía increíble a su edad, pero físicamente agotado y eso era realmente lo que le atormentaba.
-¿Cuándo naciste? ¿Qué edad tienes? ¿eres más viejo que papá?-las preguntas de Victoria, me atacaban por todos lados-¿A ti se te cayeron los dientes? cuando sea mayor ¿seremos aun amigos?
No tenía más de siete años, un par de trenzas recogiendo su melena y por caérsele tarde a falta de cuatro dientes, lo cual hacia que cuando sonreía yo no podía evitar estallar en carcajadas, y ella solo se tapaba la boca con ambas manos y me llamaba tonto por reírme de ella. Nunca contestaba a sus preguntas pero aquella primavera fue diferente, aquella mañana, llegue a comprender, que igual que ella, yo también había sido niño, y me castigaba contestando a preguntas tan tontas como esas, preguntas propias de alguien como Victoria.
-Nací hace muchos años, sí soy más viejo que tu padre, como a todos los niños, sí.-me arrodille frente a ella, envolviendo sus manos entre las mías, y me obligue a sonreírla, como ella hacia siempre conmigo-espero que seamos amigos cuando usted crezca señorita Strauss.
Siempre que la llamaba así se reía, decía que solo yo la llamaba “señorita Strauss” y que era un tipo muy raro, aquella niña me cambio, y ahora soy así, cuantos crímenes me han vuelto una bestia, un monstruo para los míos y esa mocosa en apenas quince años logro ganarse mi afecto y volverme una especie de dócil y obediente mascota, un amigo, un hermano mayor, el príncipe azul que ella esperaba.
Aún recuerdo cuando me tocaba cuidar de Victoria, las noches velando su sueño, todos los cuentos de hadas que a regañadientes la leía, ella me obligaba a leerlos, y nunca fui capaz de negárselo, cuando me tocaba cocinar y ella me hacía mezclar dulces con la comida y luego al final yo la molestaba poniéndolo y arruinando los platos, para rehacerlos bien después, incluso recuerdo cuando en una navidad que su padre tenía trabajo, como me quede a su lado, decorando, leyendo, cocinando todo por y para ella.
Y ahora cuando ella ya tiene los veinte, ¿qué me considera? ¿Un amante? ¿un hermano?¿un amigo?¿un sirviente?
Me culpare siempre si no la vuelvo a ver, si no puedo volver a decirla te quiero, o un simple quiero estar la eternidad a tu lado. ¿Qué haría entonces? ¿Qué hare si no la vuelvo a tener cerca?
Todo aquel monologo consigo mismo le hizo suspirar, manteniendo los ojos cerrados, empezando a notar la calma de su entorno actual, todo aquel silencio, las alucinaciones habían vuelto a empezar, una sugerente voz femenina le hizo abrir los ojos y clavarlos en la figura que había frente a él.
-¡Victoria!-grito.
Como siempre ella desapareció, no era real, solo una imagen, un vástago de memoria. Las siguientes alucinaciones, le hicieron estallar en unas histéricas risotadas, algunas eran terroríficas, otras eran algo más extrañas, y otras se limitaban a tener parecido con seres queridos que había tenido y perdido, los cuales le recordaban que no debía hacer, porque no les había salvado, otras solo eran productos de su propio miedo, esas ultimas se limitaban a volverl loco de rabia, de pena y de angustia, pues solían ser la aparición de Victoria pidiéndole ayuda, o preguntándole por que no la había salvado.
Dorian había perdido su temple, se había sumergido en su silencio, intentando probarse diferentes teorías, intentando convencerse de que todo iba bien, de que ella seguía viva, de que pronto la vería de nuevo, de que todo aquello terminaría.
A penas había pasado tiempo desde que Stelian le había traído la comida, aun así el hambre, quizás la gula, le habían atrapado de nuevo, quería más sangre, necesitaba más sangre o podría terminar muriendo de hambre o de cualquier cosa, o solo estar lo bastante débil para que pudieran acabar con su no-vida.
El agotamiento pudo con él demasiado pronto, la última vez que Dorian cerro los ojos, no tardo en caer en ese estado de trance que los vampiros utilizaban como cambio por el sueño de los humanos, al final ellos no podían tener ese descanso, la eterna broma de vivir con la angustia de la vida, pero no obtener el descanso y la paz de la muerte, pasar una eternidad planteando qué sentido tiene una vida eterna, si a partir de los quinientos años te empiezas a aburrir.

Al menos a él le había pasado, cumplió los quinientos años y todo se volvió aburrido, monótono y cargante, años más tarde, había conocido al padre del doctor Strauss, luego había coincidido con el padre de Victoria hijo de este y más tarde con la propia Victoria, la última Strauss con la que había tratado.